Comentario a la novela "El Precursor".

El Precursor
Comentario crítico de Manuel Muñoz Pérez


Es muy notoria la diferencia entre una fotografía postal respecto de una fotografía artística. La postal retrata un panorama general, desde lejos generalmente sin dar a conocer detalles, mientras que la fotografía artística se preocupa del detalle que está inserto en la generalidad del panorama.
Así de esa forma, como una fotografía íntima, Miguel Fuentes nos permite adentrarnos en los detalles de personajes que aunque siendo bíblicos sólo conocimos de soslayo.
Con precisos y preciosos detalles nos adentramos en una historia donde el relato de Trifosa, (delicada) una esclava judía, nos permite vislumbrar las múltiples situaciones y condiciones de diversos personajes que rodean la aparición del Precursor, que desde su personificación en Juan el Bautista, los judíos identifican como el preludio del Mesías.
Es arriesgada la decisión de escribir una novela basada en hechos bíblicos. Una porque se corre el peligro de repetir el relato archiconocido de las Escrituras, pero además por la gran abundancia de obras que se han escrito al respecto.
Pero Miguel Fuentes sortea estas dificultades desarrollando un relato en el que, a pesar del título, la imagen del Precursor va apareciendo sutilmente, como desde entre las sombras y aunque los demás personajes son catalizados en sus conductas y pensamientos por él, nunca deja de ser el relato de Trifosa el eje de la perspectiva de éste.
Hay una rica exposición de las costumbres y giros culturales de los personajes tanto judíos como romanos. Una excelente contextualización de la narración nos permite acceder al momento histórico de la misma. Situación tras situación la historia no decae en los detalles y no termina de sorprender con el aporte cultural preciso.
El lenguaje de esta novela es delicado, cuidadoso en el uso de términos descriptivos pero elegantes que brindan una estética precisa a la hora de imaginar.
Resalta la aguda descripción de la intimidad de cada personaje. Una ventana siempre abierta al sentir y al pensar de cada personaje nos permite conocer la dimensión profundamente humana de cada uno de los participantes de esta historia. No hay, y que bueno que así sea, la intención de mostrarnos personajes perfectos, que es el problema de los relatos en torno a la interpretación bíblica. Todos ellos son mostrados en su dimensión de falibilidad humana, de sus contradicciones, pequeñeces y búsqueda de su destino.
Esta novela es un aporte, desde la óptica de su narración como así también por las riquezas culturales que podemos en ella captar. Pero sobre todo por la profundidad del contenido de la Verdad que está inmerso en esta obra. Cada personaje vive, sufre y sueña desde la posición en la que se encuentra. El romano como el judío, cada cual en su dimensión, cada uno desde su cosmovisión particular. Y esto es lo que enriquece esta novela, una descripción tan vívida de como la Verdad tuvo que abrirse paso en tal escenario.

Marzo 2017
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